95.
Corría hacia donde estaba Artemisa con el corazón en la mano. Muchas cosas habían pasado esa mañana que me habían dejado bastante alterada: no solo la discusión — entre comillas — con Valentín, sino también la idea de tener que detener a Mordor. Ella era una mujer mayor, con experiencia. Tal vez sabría qué decirme.
Así que, cuando me senté a su lado, la abracé. Genuina y poderosamente la abracé, y ella me devolvió el abrazo.
— Ay, mi amor — me dijo mientras me acariciaba el cabello.
Casi me