94.

El hombre que había llegado se quedó ahí de pie, como si supiera, de alguna forma, lo que yo hubiese estado a punto de hacer, y hubiese llegado en el momento preciso para detenerme. Le apunté con el dedo a Valentín y él me miró a los ojos.

— Que pienses eso de mí me parece horrendo. ¿En serio pensarías que yo aprovecharía una situación como esta para ejercer mi voluntad de ese modo? — Se lo coloqué como capricho.

Él no contestó. Y quien calla, otorga. Así que eso era lo que quería decir. ¿En
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