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Los tres, ahí, más bien paralizados, nos miramos el uno al otro. La sentencia del vampiro había sido muy clara: hoy vamos con ellos o no nos darían absolutamente nada de información.

Sabíamos que teníamos que meditar aquella propuesta, aunque yo estaba segura de que mi padre jamás me permitiría viajar al aquelarre, y muchísimo menos después de la información que Ismael había traído, donde el hombre dejaba claro que los vampiros habían sido los que habían confabulado para asesinar a la antigu
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