155.
Me quedé ahí, observándola, sin creer, sin querer creer las palabras en el estado que dedicaba. ¿Podía ser verdad? ¿Podía confiar en ella realmente? No lo sé, era difícil, era muy difícil. Podía estar intentando manipularme; de hecho, tal vez era lo que estaba haciendo en ese momento. Y no podía negar que, en realidad, estaba funcionando, estaba manipulando. Porque estaba creyendo en sus palabras, porque podía ver en su rostro destellos de mi amiga, por debajo de aquel cuerpo perfecto, de aquel