156.
Quería hacer cualquier cosa menos lo que estaba haciendo en ese momento: sentado en esa mesa, con las manos cruzadas, esperando.
Era lo que me habían dicho que tenía que hacer: esperar. Pero estaba cansado de esperar. No habían pasado al menos unas cinco o seis horas desde que Mordor se había llevado a Alicia y a Donovan, y me sorprendía la paciencia que estaba teniendo la Cofradía.
Estaba ahí sentado, con la pequeña cabrita jugueteando entre mis piernas. Sirius paseaba de un lado para otro, y