154.
Apreté con muchísima fuerza la mano de Donovan entre la mía. Su cuerpo, completamente inmóvil, me indicaba lo que yo ya sabía: estaba muerto. Muerto, así nomás. Mordor lo había matado.
Levanté la mirada hacia esa criatura que tenía enfrente, alguna vez llamada mi amiga, la que me había salvado la vida en más de una ocasión, la que yo había tenido que enterrar con mis propias manos entre el hielo después de que hubiese muerto de fiebre, en agonía. Estaba ahí, de pie. Era ella, tal cual: su rostr