149.
Estaba tan agotado que haberme quedado dormido en los brazos de Alicia había sido prácticamente imposible de evitar. Tuve un sueño extraño y profundo. Intentaba despertar, pero no podía. Tuve recuerdos del sabor de la sangre de Lilith en mi boca. Pude haberla matado. Pude haber matado a mi esposa, la que legalmente era mi esposa, aunque nunca hubiera rozado siquiera sus labios con los míos.
Pero qué bueno que no había sucedido de esa forma.
Al final también soñé con Alexander, con el sonido de