147.
Fue un terrible dolor punzante, tal vez el peor que hubiese sentido en mi vida. Podía sentir cómo el líquido entraba en mi cuerpo y comenzaba a esparcirse en todas direcciones. Fue aterrador. Intenté gritar, pero no pude hacerlo. Algo dentro de mí se congeló.
La primera sensación que me acometió fue aquel dolor constante en el pecho que intentaba escapar. Lo había sentido desde que Johanna intentó romper las cadenas dentro de mí —lo que sea que aquellas significaran—. Pero entonces, cuando sent