146.
—Claro —dijo Ismael—. Eso tiene muchísimo sentido.
Sirius se puso de pie, caminó hasta donde estaba la cabrita, la tomó entre sus brazos y la llevó hasta donde estaba Ismael, dejándola sobre su regazo. Ismael levantó las manos en el aire, como si tuviera miedo de tocarla, pero luego la acarició despacio.
—Es escalofriante —dijo—. No es como una cabra normal. Se ve diferente.
—Es porque tu madre la hizo así… Bueno, la cabrita ya había nacido —le conté mientras rascaba detrás de la oreja del pequ