139.

La cabrita comenzó a recorrer el lugar como un gato curioso. Todos los presentes la observaron entrecerrando sus rojos ojos. Uno de los transformistas se inclinó hacia ella y estiró su mano. La cabrita pareció olfatearlo, pero luego perdió rápidamente el interés en él y siguió explorando el nuevo lugar. Seguramente era extraño para ella; había pasado al menos unos veinte años durmiendo sobre aquel mullido colchón hecho de algodón en la habitación de aquella cabaña, y ahora al fin había podido s
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