138.
No pude explicar con palabras lo que estaba viendo. Había una enorme montaña frente a nosotros, tan alta que, cuando miré hacia el cielo, su cúpula se perdía por entre la tormenta eterna. Era oscura, como si cada piedra de la que estaba hecha fuese carbón del más puro, tan oscura que ni siquiera la cegante luz blanca de la tormenta eterna la iluminaba un poco. Tenía la forma de una pirámide irregular y, en el centro, una entrada cavernosa en forma de punta de flecha, como si un gato gigante hub