103.

Era una sensación extraña, una corazonada. Yo sabía que podía hacerlo, de alguna forma peculiar lo sabía. No entendía la razón, era como algo instintivo. Cuando levanté las manos en el aire, pude sentir la tormenta eterna sobre nosotros de una forma en la que nunca había podido sentirla antes, porque era mi magia, dejada ahí por alguien antes que yo, pero mi magia al fin y al cabo.

Así como había sentido el hechizo que Johanna había puesto sobre Mordor, que lo lanzaba nuevamente hacia la grieta
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