104.

Presioné con fuerza a la tormenta, cerré los ojos nuevamente y levanté las manos en el aire, apretando los puños. La necesitaba ahí, más fuerte que nunca. Desde adentro podía escucharse el sonido del aire rompiendo los pasillos, pero también podía escucharse el sonido de los zombis intentando entrar. La puerta comenzó a ceder, las bisagras voltearon, cayeron gruesos trozos de tierra al suelo. Necesitaba que fuera fuerte, terminar con la vida de aquellas pobres criaturas antes de que ellos entra
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