Victoria llegó a la ciudad del viaje con toda su documentación contra el pecho y una maleta pequeña.
No era un destino lejano, pero al bajar del auto frente al hotel donde se realizarían las reuniones, sintió que la distancia con la mansión Montenegro era mayor que cualquier kilómetro. No había pasillos donde Regina pudiera aparecer con una instrucción disfrazada de consejo. No había habitaciones donde Fernanda pudiera necesitar algo justo cuando Victoria intentaba avanzar. No había una mesa fa