Adrián no pudo dormir esa noche.
El mensaje que envió a Victoria seguía sin respuesta. No había reclamo posible en eso. Ella estaba trabajando, lejos de la mansión, en un espacio que él no controlaba y al que no había sido invitado. Aun así, cada minuto de silencio le recordaba que antes Victoria habría encontrado una forma de incluirlo.
Ahora ya no.
Cerca de la medianoche bajó al despacho.
No quería seguir mirando el teléfono. Encendió la lámpara del escritorio y abrió una carpeta de asuntos p