Daniel la sostuvo antes de que tocara el suelo.
—Victoria, mírame. Victoria, respóndeme.
Pero ella ya no pudo hacerlo y por un instante, Daniel se quedó paralizado con Victoria entre los brazos, sintiendo cómo el cuerpo de ella perdía fuerza mientras el cuaderno caía al piso y algunos clientes de la librería se giraban alarmados hacia ellos. No era así como había imaginado aquel encuentro. Había calculado una conversación, una coincidencia difícil de cuestionar, quizá una oportunidad para acerc