Al fin, lejos de las miradas indiscretas y del alboroto familiar, se refugiaron en una habitación apartada. El aire era denso, cargado de tensión. Abril apenas respiraba, sabiendo que cualquier palabra mal dicha podía encender una tormenta. Pero fue Rebeca quien rompió el silencio, clavando los ojos como dagas en el rostro de la joven.
—¡Dios mío! —exclamó, dando un paso al frente—. ¡Ella… ella es Abril Villalpando! ¡La esposa de Gregorio Villalpando! ¿Qué significa esto, Amadeo? ¡¿Acaso estás t