Horas después. En el hospital.
El ambiente era sombrío.
La fiesta se había cancelado. El salón decorado con globos, música y flores quedó en el olvido.
Hora todo era silencio, tensión, y miedo.
Los abuelos esperaban en la sala, con el corazón en un puño.
Cuando Sarahi y Jessica llegaron, ambas tenían los ojos hinchados, los rostros descompuestos.
Y entonces… el doctor salió.
—¿Cómo está mi nieto? —preguntó el abuelo, con voz temblorosa.
El doctor los miró, y tras una breve pausa, habló:
—Está es