Mientras tanto, en la habitación del bar, Abril estaba frente a Amadeo, pero su voz se notaba la mezcla de celos y deseo.
—¿Qué hacías con Ernestina? La odio, ella te desea.
Amadeo no respondió de inmediato. Sonrió con ese aire arrogante que tanto la sacaba de quicio… y tanto la excitaba.
Tomó su mano con firmeza y sin decir palabra la arrastró con él.
—¿A dónde me llevas, Amadeo Dubois?
—A darte lo que mereces —murmuró, y sus ojos destellaron con deseo.
La llevó por un pasillo silencioso, hasta