El empujón de Lía ha sido lo suficientemente fuerte como para hacer retroceder al Rey unos cuantos metros y sus botas, resbalando sobre la pista de baile pulida, han emitido un sonido que deja a todos helados.
El silencio que sigue es absoluto, solo roto por el sonido de las copas temblando en las mesas cercanas.
Magnar se recupera al instante, plantando los talones, pero no ataca. Sus ojos dorados buscan los de ella con desesperación, intentando cruzar la niebla tóxica que la envuelve.
—Lía...