Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa habitación de Ágatha se baña, de pronto, por la luz de la mañana con un halo de esperanza.
Ha pasado una hora desde que tomó el antídoto, y el cambio es milagroso. El color ha vuelto a sus mejillas y puede sentarse sin ayuda. El Sanador Mayor retira las manos de la frente de ella, con una expresión de asombro absoluto y se retira casi con miedo.
—Es increíble, Majestad —dice el anciano, mirando a Lía—. Su loba... no murió.
—¿Qué? —Lía deja caer la taza de







