La habitación de los lirios huele a ungüentos medicinales y a sentimientos intensos que se quedaron estancados desde hace tanto tiempo.
Ágatha, recostada entre almohadones de plumas, parece pequeña y frágil, pero su voz, aunque débil, tiene la firmeza de quien ha sobrevivido al infierno.
—Thorne sabía lo que hacía —relata Ágatha, con la mirada perdida en el fuego de la chimenea—. No solo me desterró. Me envió directo al Territorio de los Renegados, en la frontera este. Sabía que Lía estaba crec