El patio de armas está sumido en la luz anaranjada del atardecer. Los caballos con las provisiones resoplan, soltando vapor por las narices y sintiendo la tensión de sus jinetes.
Es un viaje largo, especialmente para una madre que no se ha apartado de su hijo por más de un día para cumplir con sus obligaciones.
Magnar sujeta las riendas del caballo negro de Lía, negándose a soltarlo. No quiere dejarla ir sola, tiene miedo de que a ella le pase algo y él no esté a su lado para protegerla, para d