Luego de terminar con los saludos protocolares, Magnar y Lía descienden las escaleras hacia la pista de baile. La multitud se abre con perfectas reverencias, creando un pasillo de cabezas forzadas a rendir honor a una loba a la que no quieren en ese lugar.
—Están asustados —susurra Magnar al oído de Lía, apretando su mano sobre su brazo—. Huelen tu poder y mi marca. Saben que eres más intocable que antes.
—Huelen que no pertenezco a su mundo —responde Lía, sintiendo las miradas como dagas de pl