Después de devorar el desayuno(el hambre era feroz, como si mi cuerpo estuviera almacenando energía para una guerra que apenas comienza), me sentí lista. Ha llegado el momento de enfrentar al Rey.
Me puse en pie, alisando la tela de mi vestido, y caminé hacia la puerta con la determinación de una loba que entra en territorio desconocido, pero sin intención de pedir permiso. Estoy decidida a enfrentar el asunto del contrato; quiero límites claros, seguridad y, sobre todo, recuperar el control de