El murmullo lejano de voces, pasos apresurados y el eco de las cámaras desapareció cuando Ivana abrió los ojos. Su primera imagen fue la del rostro de Dante inclinado sobre ella. Por primera vez, lo vio distinto: sus facciones firmes estaban tensas, y sus ojos oscuros, normalmente fríos, ahora reflejaban una preocupación genuina.
—Tranquila —murmuró, rozando con la yema de los dedos su mejilla húmeda por el sudor—. No vuelvas a hacer esto en público.
Ivana intentó incorporarse, pero Dante la s