La Señora había dejado de creer en el futuro.
Durante años había jugado con paciencia, con frialdad, con la convicción de que todo podía controlarse si se conocían los hilos correctos. Había movido personas como piezas, había comprado silencios, había fabricado verdades. Pero ahora… ahora Dante Brown y Ivana no solo seguían vivos: se habían convertido en un símbolo.
Y los símbolos eran peligrosos.
—No habrá segundas oportunidades —dijo, sentada en la penumbra de su despacho—. No habrá advertenc