Su corazón comenzó a latir con rapidez, caminó cuidadosamente hacia la habitación cuando sintió una mano cubriendo su boca y lanzó un grito ahogado dejando caer la toalla al piso.
Sintió como la otra mano de aquel intruso la rodeaba por la cintura presionando su cuerpo contra su virilidad.
—¡Shhh! —susurró a su oído. Liliana podía escuchar los latidos de su pecho resonando en su interior— voy a soltarte, pero no grites —advirtió y lentamente descubrió su boca, mientras la hacia girar de fre