Mientras Liliana decidía sobre su nueva vida. A unos cuantos kilómetros de ella, Nicollò Mastrofilipo se encontraba reunido con uno de su consigliere.
—¿Qué crees que hará, ahora? —preguntó.
—Posiblemente huya, es una mujer. No será una rival para mí. —respondió con suficiencia.
—No deberías subestimarla. Si fuese tan tonta, Enzo Fiorini no la habría dejado en su lugar.
—Esa fue una estupidez, producto de su venganza contra su hermano menor, prefirió dejar a una mujer que saber que Ales