Ella y él, solos.
—Vámonos —le dijo, él tomándole la mano.
Ella no se movió del lugar.
—¡Joder! —exclamó y ella se volvió a mirarlo— Vamos.
En ese momento, ella pareció reaccionar y sin mirar atrás corrieron por el angosto pasillo hasta llegar a la salida de emergencia.
Alessandro tiró de la puerta y ella salió hasta afuera, sintiendo la brisa fría recorrerla por completo. Estaba semi desnuda.
Afuera, el auto de Alessandro esperaba con el motor encendido, como si todo hubiese sido previsto. Él abrió la