Alessandro abrió la puerta en un gesto de caballerosidad. Afuera, parado frente al lujoso Mercedes Maybach-Pullman con doble asiento para cuatro personas, un elegante hombre esperaba por la pareja.
—Buenas noches, Sra Liliana —dijo el hombre de avanzada edad, alguien a quien ella reconoció de inmediato.
—Buenas noches —contestó ligeramente aturdida. Era el taxista del aeropuerto, el mismo que huyó cuando habló de los Fiorini. ¿Qué rayos estaba haciendo allí?
—Adelante Sr Fiorini —dijo el