El móvil de Alessandro comenzó a sonar, obligándolo a abandonar la cerradura. Sacó el móvil de su bolsillo, estaba aguardando por aquella llamada, por lo que se dirigió hasta el final del pasillo cuidando de que nadie pudiese oír su conversación privada.
Liliana escuchó los pasos alejarse. Exhaló un suspiro hondo, se había salvado por segunda vez.
Mientras tanto, Franco recibió el reporte de los guardias principales; Liliana seguía sin aparecer:
—Aún no ha salido de la mansión. —específico