Alessandro sostuvo a Karem entre sus brazos mientras ella lloraba, angustiada y nerviosa.
—Debo regresar hoy mismo a Madrid —dijo con voz temblorosa y agitada.
—Deberías esperar hasta mañana —sugirió él.
—No, no puedo —respondió, secando su rostro con determinación—. Mi madre me necesita. Tengo que regresar y estar con ella.
—Te entiendo, pero debes calmarte. —Alessandro la sujetó de ambos brazos y la miró a los ojos—. Voy a ayudarte. Tengo un amigo que tiene una agencia aérea; voy a llamar