—Gracias —dijo Karem mostrando una sonrisa, mientras ella y Liliana se dirigían hacia la biblioteca.— Fue un gesto lindo de tu parte.
—No tienes nada que agradecerme, Karem. La madre de Enzo me odia, y sé que si no decía que eras mi amiga, se luciría humillándote. Ahora, aunque tampoco le agrades, tendrá que tragarse sus comentarios. —contestó Liliana, elevando sus hombros.
—Joder! Jamás pensé que te escucharía hablar de ese modo —bromeó—. Te sienta bien el cargo de jefa.
—No es nada fácil,