90. Pov Dan
No sabía cuándo había sido la última vez que dormí. Quizá no lo había hecho. Tal vez solo había cerrado los ojos con la esperanza absurda de que al abrirlos el mundo estuviera en su lugar otra vez. Pero no. El silencio de mi casa era tan grande que casi podía escuchar mi propia respiración desordenada.
El celular vibró en mi mano: una llamada más que no era ni de Michael ni de Niki. Lo miré igual, como un reflejo tonto. Nada. Ninguno de los dos.
Había perdido la cuenta de los mensajes que envié a Michael.
Michael, respondeme. Es importante.
Necesito hablar contigo YA.
Michael, por favor, contéstame una vez aunque sea.
Tres llamadas. Cinco. Ocho.
Ni una contestada.
Y Niki… Niki directamente no había abierto ninguno de mis mensajes. Cada notificación tenía el mismo mensaje frío: No leído.
Mi nombre en su pantalla ya no significaba nada.
Pasé ambas manos por mi cara y dejé caer el cuerpo en el sillón, pero no logré quedarme quieto. Era como si el dolor me empujara a moverme, a hacer algo