90. Pov Dan
No sabía cuándo había sido la última vez que dormí. Quizá no lo había hecho. Tal vez solo había cerrado los ojos con la esperanza absurda de que al abrirlos el mundo estuviera en su lugar otra vez. Pero no. El silencio de mi casa era tan grande que casi podía escuchar mi propia respiración desordenada.
El celular vibró en mi mano: una llamada más que no era ni de Michael ni de Niki. Lo miré igual, como un reflejo tonto. Nada. Ninguno de los dos.
Había perdido la cuenta de los mensajes que envié