91. Pov Niki
El día había sido eterno. Uno de esos en los que cada correo parecía más pesado que el anterior y cada reunión se extendía más de lo necesario. Cuando por fin bajé del coche y caminé hacia la puerta de casa, sentí que el cansancio me pesaba en los hombros, en los párpados, en el pecho. Y, por supuesto, también la tristeza. Esa que venía escondiendo como un peso mudo desde la mañana.
No miré el teléfono en todo el trayecto. No quería hacerlo. Sabía que estaría lleno de mensajes, llamadas perdida