91. Pov Niki
El día había sido eterno. Uno de esos en los que cada correo parecía más pesado que el anterior y cada reunión se extendía más de lo necesario. Cuando por fin bajé del coche y caminé hacia la puerta de casa, sentí que el cansancio me pesaba en los hombros, en los párpados, en el pecho. Y, por supuesto, también la tristeza. Esa que venía escondiendo como un peso mudo desde la mañana.
No miré el teléfono en todo el trayecto. No quería hacerlo. Sabía que estaría lleno de mensajes, llamadas perdidas y probablemente un audio de Dan que no estaba lista para escuchar.
Metí la llave en la cerradura y entré. La casa estaba tibia, con el olor familiar a jazmín del aromatizador que mamá siempre insistía en poner cuando venía a cuidar a la bebé.
—Llegaste —escuché su voz desde la cocina.
Me forcé a sonreír un poco mientras dejaba mi bolso sobre la silla. Ella se acercó, me dio un beso en la mejilla y enseguida notó mi cara.
—Hija… ¿estás bien?
Su voz era más suave de lo habitual.
No, pensé. No es