Pov Dan
El aire afuera de la casa se sentía distinto. Más denso, más frío, más… irrespirable. Caminé hasta el auto como si mis piernas no fueran mías. Cada paso era un esfuerzo consciente, casi doloroso, como si hubiera corrido kilómetros y recién ahora mi cuerpo registrara el desgaste.
Me apoyé en la puerta del auto sin abrirla, sin entrar, sin moverme. Si me subía, si arrancaba, si me iba… significaba que realmente la había perdido. A ella. A Anne. A lo único que me había dado paz después de