102. Pov Dan
Pasaron cinco días. Cinco días que se sintieron como un océano entre la vida que conocíamos y la que todavía no alcanzábamos a tocar. El hospital seguía oliendo a desinfectante y café quemado, pero algo había cambiado: ella estaba de pie, aunque fuera solo con el alma. Y eso era suficiente para volver.
Entré a la habitación con Anne en brazos. La bebé llevaba su peluche nuevo, un oso crema casi del tamaño de ella, y una sonrisa torcida como si supiera que estaba a punto de ver a su persona favorita.
—Mira quién vino a ver a mamá —le dije, y la palabra se me escapó sin pensar.
Niki levantó la mirada desde la cama. Más color en la piel. Ojeras menos profundas. Heridas que ya no parecían gritar. Su respiración se cortó cuando nos vio, como si el mundo le hubiera vuelto a entrar al pecho de golpe.
—Anne… —su voz tembló como una cuerda recién afinada.
La bebé comenzó a balbucear emocionada. Movía los brazos, casi como pidiendo que la bajara. Cuando la apoyé con cuidado en la cama, Anne se