101. Pov Dan
—Paola se va a poner feliz cuando lo sepa —dijo Norman con un brillo esperanzado en los ojos—. Que está consciente, que va a salir adelante. Voy a llamarla.
Niki había abierto los ojos y respondido cosas simples pero ahora dormitaba, o intentaba dormir, apoyada contra la almohada del hospital, la piel pálida, el suero colgando como un recordatorio de todo lo que no pudimos evitar. Sentí un nudo en la garganta; sabía que tenía que decir algo, pero las palabras me parecían torpes, insuficientes.
—Hazlo —logré decirle a Norman, manteniendo la mirada en ella—. Su mamá necesita esto.
Norman asintió. Se pasó una mano por el rostro y dio un último vistazo a Niki antes de retirarse. Cuando la puerta se cerró, el silencio cayó con el peso de una sentencia. Solo quedó el sonido del monitor cardíaco y la respiración suave de ella.
Me acerqué a la cama y me senté en la silla de metal. La misma en la que había pasado horas, quizá días, sin irme. No podía. La idea de abandonarla, aunque fuera para