La brisa helada de la ciudad le mordía la piel, pero el frío no era nada comparado con la incomodidad que la carcomía por dentro. Esa noche su función había cambiado de horario, es una alteración inesperada en su rutina que la afectaba más de lo que quería admitir. No solo la exponía a las noches más frías y peligrosas, sino que trastocaba esa frágil estabilidad que con tanto esfuerzo había construido. No tenía opción. Si quería cumplir su sueño, si quería salir de la miseria y la desesperanza