Viktor, por otro lado, sentía que la presión crecía en su pecho. La imagen de Alina, tan rota, tan distante, lo atormentaba. Había tomado decisiones que la habían arrastrado a este punto, y aunque la quería a su manera, la oscuridad que llevaba dentro de él no le permitía ver más allá de su propia necesidad de control. La fragilidad de Alina lo había desarmado, pero también lo había fortalecido. Ella lo había puesto a prueba de una manera que nadie más lo había hecho, y ahora, él no podía permi