—¿Lista? —preguntó Alina en voz baja, apenas audible por encima del bullicio lejano de la ciudad. La joven se detuvo a su lado, al pie de las escalinatas de la academia, y asintió.
—Sí —respondió la muchacha, acomodándose un mechón rebelde de su cabello castaño. Ahora lo llevaba recogido en dos largas trenzas de cola de pescado, separadas por una discreta abertura en el centro de su cabeza, un peinado que la hacía parecer aún más joven, casi una niña escapada de algún cuento antiguo.
Alina le d