ALEX
El avión desciende y a mí se me anuda el estómago.
Es una indescriptible sensación de pánico que me seca la garganta, enlentece mi respiración y desacelera mis latidos.
—¿No te acostumbras a volar, Cherry querida?
Kiara me enseña una mueca socarrona, pues de lo más tranquila bebe de su copa de vino, aguardando el aterrizaje.
—No puedo evitarlo —sopeso, aferrándome a los posabrazos del asiento y apretando tanto como puedo el cinturón de seguridad.
—Vas a tener que adaptarte rápido —se arreg