Me doy vuelta en la cama una y otra vez ante el perturbador sonido de fondo que no me deja salir del limbo y retornar a mi sueño profundo.
Giro para un lado y para otro cuando el sonido se convierte en un molesto estruendo que me hace abrir los ojos.
Agarro mi celular para ver la hora.
Aparte de la veintena de mensajes de Dante preguntándome si iría al entrenamiento, entrenamiento al cual falté, veo que son casi la una de la madrugada.
Adormilada me bajo de la cama.
Llegué casi al anochecer, me