Mundo ficciónIniciar sesiónUn amor de la infancia se convirtió en un corazón roto. Evangeline decide continuar con su vida en otro país, pero años después regresa a su país natal. El encuentro con Mikael es inevitable. Al no conseguir trabajo, él decide tenderle la mano. Pero ambos tienen parejas. Ser su asistente comienza a revivir experiencias del pasado y a prender la llama de unos sentimientos que creían olvidados. Un enredo de una noche, traerá grandes consecuencias. La llamada de su amiga, ha perturbado la paz de su tranquilo día, con urgencia la lleva hacia una iglesia, en donde Eve descubre una trágica verdad. Con el corazón roto y un nudo en la garganta Mikael le ayuda a vengarse. Eve con la vista nublada por la sed de venganza, no le interesa las consecuencias de lo que podría traer eso. Pero sabe que su vida dará un giro de 180 grados cuando uno a uno sus ordenes han sido cumplidas con la más sangrienta venganza. Lo extraño es... que no le desagrada y Mikael comienza a ser... bastante interesante.
Leer másEVANGELINE
Lousiana
Dicen que tenemos un amor predestinado, quieras o no siempre lo encuentras. En cualquier momento y en cualquier lugar, es tan inesperado.
Pero otros dicen que a veces esos mismos amores del destino no suelen durar tanto, a veces es solo espontaneo, ¿Por qué no debería funcionar un amor destinado a ti?
Eso quisiera saber.
Mikael Baldwin, mi primer amor.
Creí que había sido solo un capricho de chiquilla, pues había crecido con él y lo había visto como un hermano. Mi madre era la ama de llaves y nana de la familia Baldwin, Mikael era solo tres años mayor que yo. Su madre me quería como si fuésemos familia.
Pasabamos mucho tiempo juntos; jugábamos, estudiábamos, peleabamos, viajábamos, incluso nos bañábamos juntos (hasta cierta edad).
Cuando cruzamos la pubertad, era como si nada hubiese cambiado. Lo vi de niño, un enclenque, miedoso como una lombriz y la nariz llena de mocos. Comenzó a cambiar a los trece, creció muy alto y desgarbado, para ese entonces ambos teníamos el rostro con acné y frenillos. Pasamos un año completo para luchar con nuestro acné y la tortura de la hortodoncia.
Su padre, un buen hombre, algo reacio con la demás gente, pero amable, era un coronel de alto rango en la marina. Soliamos verlo muy poco, nos escondíamos cuando lo escuchábamos discutir con la señora Baldwin sobre Mikael, el coronel quería enviarlo a la academia y ella se oponía. Pero unas vacaciones, cuando Mikael cumplió quince años su padre lo envió a un campamento de la academia de la marina.
Mis padres, por otro lado me enviaron a trabajar en la heladería del centro. Junté un poco de dinero, el suficiente para comprarle a Mikael un buen regalo. Pero incluso su padre solicitó un mes más de faltas en la escuela.
Para cuando Mikael regresó, tan solo dos meses después, había cambiado completamente, tenía el cuerpo robusto, había ganado algo de peso, marcado con el ejercicio, había crecido un poco más. El cabello corto básico de un soldado y se había bronceado.
Las chicas ahora babeaban por él, a mis ojos solo se veía un poco diferente, pero seguía siendo el mismo conmigo. Escepto cuando se metió al equipo de baloncesto y comenzaba a hacer nuevos amigos.
Comencé a sentirme un poco extraña, había días en los que apenas y lo veía en la escuela y llegaba hasta tarde a su casa. Comenzaba a sentirme demasiado molesta, él se paseaba con su nuevo estilo y las chicas tras él.
Hasta que me di cuenta de ciertas cosas, al fin y al cabo, era un chico y yo… recién comenzaba a interesarme por ellos.
Un día desperté luego de un sueño; había soñado con él y no entendía por qué. Comencé a percatarme de su presencia, lo observaba entre clases, en sus juegos, incluso en el comedor. Lo nerviosa que me ponía su cercanía y la emoción que me daba cuando me esperaba luego de clases y me escuchaba.
Hasta que un día, con las chicas de mi club de repostería.
Para entonces ya tenía dos amigas; Angelique y Orión.
—¿De verdad se le subió a la cabeza? — comentaba Angie cuando lo veíamos pasar rodeado de chicos.
—Tks, ¿y ahora qué? Ni siquiera va a probar los pastelillos de Eve—dijo molesta Riri (diminutivo de Orión) —¿Te encuentras bien, cielito?
Me era extraño, pero, por dentro el pecho se me encogía.
—Lo lo se—susurré—digo es Mikael… solo somos como hermanos.
Ambas se miraron.
—¿Qué estas diciendo? —Angié me tomó del brazo— no me digas que… no te has dado cuenta.
—D… dado cuenta de ¿qué?
Ambas me llevaron lejos de ahí, recién acabábamos de salir de clases.
—Ambas sabemos que te gusta Mikael.
—¡No! —los colores me habían llegado al rostro—¡No, no, no!, él es como un… un hermano para mi.
Esa tarde procedieron a contarme con lujo de detalle cómo es que se sabe cuando alguien se enamora. Había crecido con Miakel, así que era normal que siempre estuviese a mi alrededor, pero… Caí en conclusión de que me había enamorado de él, tal vez, solo tal vez, siempre lo había estado.
Y por una extraña necesidad simplemente se lo dije.
Fue una tarde de fin de semana.
—Mika…
—¿Si? —se había llevado un puñado de papas fritas, esperando que iniciara el nuevo capítulo de la serie.
—Debo… debo decirte algo—abracé la almohada.
Él chasqueó la boca, tomó otra almohada y comenzó a golpearme.
—Dime que és, déjate de tonterías Evs—comenzé a regresarle los golpes y una pelea de almohadas se desató. Pronto las plumas explotaron—¡Dimelo, dimelo!
El corazón me latía peligrosamente.
—¡Me gustas!
Los golpes se detuvieron, la carcajada se quedó atascada y solo las plumas caían lentamente.
—¿Qué?
Hablar con él era natural, pero en ese momento, apenas y las palabras habían salido de mi boca con el aliento contenido.
—Tu me… gustas.
Me miró fijamente por unos segundos, luego una sonrisa cruzó por su boca.
—¿Bromeas?
—No—el corazón me latía con fuerza.
Nunca hubo secretos entre los dos o dudas al decir las cosas. Él me miraba sorprendido.
—Yo…
Pero, no dijo nada, salió de la habitación en silencio.
Creí que quizá había sido un poco timido; lo esperé, recogí las plumas que pude y limpié un poco la habitación.
Pero él no llegó.
Mi madre me buscó para irnos a casa.
Me encontré confundida, ¿Dónde se había ido?
La confusión pasó a segundo plano cuando llegamos a casa. Mi hermano mayor había hecho algo, nunca supe lo que había hecho, solo se que la policía llegó para entregarlo a casa. Esa misma noche, mi hermano había discutido fuertemente con mis padres, tomó sus cosas y se fue de la casa. Mamá y papá discutieron, llevaban tiempo haciéndolo y estaban algo distantes.
Esa semana no vi a Mikael en su casa, tampoco llegó por mi a la escuela. Solo lo veía furtivamente entre clases. Cuando le pregunté a mi madre donde estaba ella me había mirado confundida
—Creí que lo sabías—me decía, justo en ese momento la señora Baldwin entraba a la casa.
—¡Ahg, ese hijo mío! —le ayudé a guardar su abrigo—, gracias cielo ¿puedes poner esto en mi estudio?
—¿Qué sucede ahora, señora? —preguntó mi madre a su encuentro.
Había desarrollado la habilidad de no escuchar las conversaciones agenas, hice lo que la señora Baldwin me había dicho.
Pero fue inevitable no escuchar.
—Pasa que está saliendo con la hija de los Porter, ¡La competencia! —me quedé pasmada, ¿Saliendo? Mikael tiene…—Dijo que quiere traer a su novia a conocerme, esa chica no entrara aquí, no me importa que sea novia de mi hijo.
Esa fue la primera vez en la que mi corazón sufrió un daño extraño, pero no podía decírselo a nadie. Mi madre quizá me hubiese visto con pena.
—Es un corazón roto—me había explicado Riri.
Las manos me habían temblado.
—Pero… ¿hice algo malo?
—No, no, para nada, es solo que… bueno, supongo que ha cambiado mucho, no es el Mikael que conocíamos.
—¿Y si vamos por un helado?, es la mejor cura para esto.
A veces la señora Baldwin me preguntaba el por que me veía decaída, pero me excusaba diciendo que había bajado un poco mis notas por que no entendia un poco ciertos temas. Aunque la veía como otra madre y me daba muchos consejos, no podría decirle que estaba enamorada de su hijo, ¿y si no me dejaba entrar como a esa chica?
Mikael se había vuelto popular, rodeado de extrovertidos. Por mi lado estaba con las chicas con quienes comenzaba a pasar más tiempo.
Me di cuenta de mi realidad, quizá Mikael no quizo decírmelo, pero eramos de mundos distintos, él debía estar con los de su clase y yo con los míos. Un pensamiento snob para un adolescente adolorido.
De pronto Mikael y yo parecíamos completos extraños, cuando yo estaba en su casa, él simplemente se la pasaba fuera. A veces la señora Baldwin me contaba sobre lo molesta que estaba con su hijo. Pero mi madre siempre me decía que solo podía escucharla, más nunca dar mi opinión al respecto, ya que eran cosas de adultos que yo no debería saber.
Pero a veces la señora Baldwin me llevaba con ella de compras y eso era divertido.
—Sabes—decía mientras me insistía en escoger un color para un vestido—, creí que Mikael te gustaba.
Me quedé boquiabierta.
—Yo no…
—Tranquila, en realidad no estoy enojada, bueno, al menos no contigo… mi hijo solo hace lo que su padre le dice—soltó un bufido—, entonces ¿te gusta?
“Me gusta, pero me a alejado”
—Ya no lo se…
Ella suspiró.
—Los chicos son tontos a esta edad, no te sientas mal, quizá cuando madure un poco más…
—Mi… Mikael es como… un hermano para mi—así debía ser.
Ella me mostró un vestido.
—¿Qué tal este para el baile?
La siguiente semana era el baile de invierno, no pude conseguir una cita, creí que Mikael me acompañaría como los años anteriores.
Pero esta vez iría sola. Angie y Riri habían conseguido pareja, pero insistieron en llevarme.
Pensaba en disculparme, en decirle que olvidara lo que había dicho, pues ese tiempo que habíamos pasado lejos había sido incómodo y extraño.
Cuando lo vi… entrar del brazo con la chica más popular de la escuela.
Nuestras miradas se habían encontrado brevemente, todos mis pensamientos se fueron a la basura. Había murmuraciones, pero no comprendía lo que sucedía, de pronto comencé a notar, algunas miradas hacia mi.
—Mirenla, es ella—dijo la chica que se colgaba del brazo de Mikael, reía con burla—. Pobrecita, creía que tenía una oportunidad con Mikael.
Fue la primera vez que presté atención a mi alrededor. Antes, nada me había interesado, pero quizá siempre pasaba esto y Mikael se encargaba de opacarlo.
Angie y Riri llegaron a mi cuando solo me había quedado pasmada. Sentí tanta impotencia y vergüenza que solo me sacaron de la escuela. Mikael nunca dijo nada, solo se quedó ahí de pie mirándome.
Sería el asme reir de la escuela al inicio de la semana, pero el destino fue grato hasta cierto punto conmigo.
Después de dejar de llorar Angie y Riri me llevaron a casa, mamá y papá estaban en la sala, había seriedad.
—Evangeline—dijo mamá y sabía que algo no estaba bien desde que dijo mi nombre—siéntate, debemos hablar contigo.
Confesaron que hacía tiempo que habían firmado los papeles de divorcio, pero habían estado juntos para tratar con mi hermano, sin embargo, ahora no era un buen momento. Papá había conseguido un trabajo en Paris y mamá debía quedarse con Ilan, mi hermano ya que lo inscribió a un programa de reformatorio.
Papá había comprado dos tikets de avión, uno para él y el otro para mi si quería irme.
Una adolescente con el corazón roto y la dignidad por los suelos, me llevó a tomar la mejor decisión de mi vida.
—Iré contigo, papá.
Mamá no se molestó, dijo que me vendría bien cambiar un poco de aire, una nueva vida.
Ese fin de semana la pasé con Angie y Riri, quieres lloraron conmigo hasta muy tarde. Lo que había pasado en la escuela había pasado a segundo término. El lunes en plena madrugada, papá y yo abordamos el avión ha nuestra nueva vida.
EVANGELINELousiana, 1 año despuésNueva Orleans, actualmente. Cuando el mes de octubre comienza, también lo hace el Halloween; todo mundo ama las festividades, sobre todo aquí en Luisiana.Todo aquel que viva en Nueva Orleans lleva la fiesta en las venas, es una verdad coloquialmente conocida.Estoy preparándome para irme de fiesta con mis amigas, en pleno miércoles laboral; pero, honestamente ¿A quién le importa esa mierda cuando está dolido?Este mes es especial, ya que puedes disfrazarte de lo que quieras y ¿Quién puede juzgar?Quizá solamente mi vecina de piso, es bastante religiosa.Pero me importa el carajo, me gusta como me veo, este disfraz de arcángel me queda de puta madre. Telas blancas y suaves sobre mi piel canela.Me coloqué el antifaz.Una vez que decidí aprobarme frente al espejo, le llamé a Riri.—¿Dónde estás? —pregunté mientras me ajustaba la bolsita en mi muslo (para mis cosas).—Estoy saliendo de mi casa—se escuchó ruido de llaves—¿Paso por ti?—Por favor—le rog
EVANGELINELousiana, 10 años después—¿Tienes el pasaporte?—Sí.—¿El ticket?—Sí, papá.—¿La medicina para el mareo? ¿Cólicos? ¿Resfriado?—Estaré bien—aferré el brazo de mi padre—, mamá y yo estaremos bien.Él soltó un suspiro.—De acuerdo, pero, no olvides llamarme, y mantenme al tanto de las cosas en la tienda, si necesitas algo más…Me colgué de su cuello.—Sí, lo haré, te llamaré.Me envolvió en un fuerte abrazo.—Ya te extraño, pequeña.Luego de un apretón, nos separamos despacio.—Oye, siempre puedes venir en vacaciones.Soltó una risilla.—Lo intentaré, sabes cómo son las cosas aquí—me dio un beso en la frente, ambos escuchamos el llamado de mi vuelo—. Es hora.Me aferraba la mano.—No olvides que no debes comer tantos embutidos—le recordé—, y da ese paso con Pía, le gustas mucho—él se echó a reír.—Anda, te veré luego.Le eché una última ojeada.Aquí en París, papá tenía una pequeña tienda de repostería, no competía con las grandes franquicias, pero al menos teníamos gran cl
EVANGELINELousianaDicen que tenemos un amor predestinado, quieras o no siempre lo encuentras. En cualquier momento y en cualquier lugar, es tan inesperado.Pero otros dicen que a veces esos mismos amores del destino no suelen durar tanto, a veces es solo espontaneo, ¿Por qué no debería funcionar un amor destinado a ti?Eso quisiera saber.Mikael Baldwin, mi primer amor.Creí que había sido solo un capricho de chiquilla, pues había crecido con él y lo había visto como un hermano. Mi madre era la ama de llaves y nana de la familia Baldwin, Mikael era solo tres años mayor que yo. Su madre me quería como si fuésemos familia.Pasabamos mucho tiempo juntos; jugábamos, estudiábamos, peleabamos, viajábamos, incluso nos bañábamos juntos (hasta cierta edad).Cuando cruzamos la pubertad, era como si nada hubiese cambiado. Lo vi de niño, un enclenque, miedoso como una lombriz y la nariz llena de mocos. Comenzó a cambiar a los trece, creció muy alto y desgarbado, para ese entonces ambos teníamos
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