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CAPÍTULO 5 FACTA, NON VERBA

MIKAEL

Nueva Orleans, 10 años atrás.

Mi madre tiende a intentar ser prudente, se que se esfuerza demasiado en ello. Es el ejemplo claro de un libro abierto.

Sus intenciones eran claras desde que ella piso esta casa.

Evangeline.

Pequeña y curiosa, pero a pesar de eso una niña obediente, muy obediente.

Por mi parte no tenía hermanos, ella si, pero nunca había estado en mi casa. Eve, por otro lado, siempre estaba aquí por que mi madre lo quería.

Crecimos juntos y su presencia siempre era… agradable.

Estuvo conmigo todo el tiempo.

Cuando gané mi primer trofeo de oratoria, cuando murió mi primera mascota, siempre llamándome con esa alegre y ancha sonrisa.

Veíamos series y compartíamos el mismo dentista.

Incluso estuvimos unidos cuando cruzamos por la etapa devastadora de la horrenda adolescencia.

Pero fue un verano en el que mi padre me envió al campamento de verano de la milicia para jóvenes.

Terminó agradándome, era diferente el ambiente de estar rodeado de chicos de mi edad. Entendí muchas cosas.

Como las revistas para adultos, los cigarrillos y la hermandad de la milicia.

Para unos los sueños húmedos llegarona temprana edad, para mi, fue tardia. En mis tiempos libres usmeaba entre las revistas escondidas de mis compañeros y me tocaba.

Mis compañeros hablaban sobre sus experiencias con las chicas, no podía mentir, era evitende mi falta de experiencia, así que cuando el campamento terminó y pude regresar a casa. Lo primero que hice fue conseguir una novia, fuese lo que fuese.

De pronto también comencé a tener nuevos amigos, mi circulo social cambió drásticamente.

A veces solo llegaba a casa para ducharme y regresar con mis amigos.

Y también las citas estaban a flor de piel.

Mi primer beso, un extraño choque de dientes con Nancy, del club de artes, después un poco de toqueteos con Rebeca del club de natación. Y por último Cloe la capitana del equipo de porristas. No era del todo oficial, pero ya compartíamos mensajes.

Era raro que me quedase en casa.

Pero cuando lo hacía, me sentía cansado, como si todo el día hubiese depositado toda mi energía.

Pero entonces, una vocecilla pequeña.

—Mika ¡que bueno que llegaste! —Evie se abalanzama a mis brazos, algo que no podía cambiar desde pequeña y entonces, todo lo que había ehcho fuera de casa, se mantenía borroso.

Compartía con Evie los mismos gustos musicales, comida, golosina, bebidas y series. Ella sabía todo de mi, podía charlar de las cosas más triviales sin sentirme extraño. Y yo sabía todo de ella, o eso creía.

Comencé a notar ciertos cambios.

De pronto un día ya no tenía ortodoncia, el acné había reducido. Había recurrido a pequeños cambios de ropa, sabía que mi madre estaba implicada en ello.

—Cariño, me gustaría que salieras con una buena chica, de casa y que conocieras a sus padres, que sea hermosa y dulce, por que esa chica no dañará tu corazón.

Aunque hablaba ambiguamente, sabía que hablaba de Evie. Siempre hablaba de ella para conmigo.

La sutileza que usaba mi madre en los cambios de Evie, poco a poco fueron revelandose.

Un fin de semana, en cumpleaños de mi abuela.

La vi usar por primera vez un vestido

Era de un rosado suave, corto hasta los muslos, la espalda algo descubierta y su cabello, antes sujeto en eternas trenzas o moños elaborados, ahora lo tenía al natural, crespo.

Mi corazón en ese momento se quería salir de mi pecho.

Ella se volvió lentamente hacia mi, de nuevo, esa enorme sonrisa.

—¡Mika!

Estaba en peligro, esa cantarina voz, esa sonrisa ancha, ese cuerpo… hice lo que cualquier adolescente razonable hubiese hecho en ese momento.

Huir.

Me escondí en el atico el resto de la fiesta, con la vergüenza a punto de estallarme en los pantalones.

No, ella no puede ser, en ella no debo pensar… Evie es… como mi hermana.

Me repetí esas palabras todo el tiempo, evité a toda cosata ver a Evie por un tiempo, pero también, no podía alejarme solo así, no quería ponerla triste.

Comencé a pasar tiempo en casa.

Pero entonces, Evie no estaba.

—Mamá ¿has visto a Evs?

Ella, intentando ocultar una sonrisa.

—No está aquí, ¿Por qué la buscas?

Rodeaba los ojos.

—Solo quiero ver una serie.

—Oh ¿de verdad? —intentaba recabar información.

—Como sea…

—Espera, ven un momento, acabo de revelar las fotos de la fiesta de tu abuela, miralas, son lindas ¿no?

Sobre la mesa, había muchas fotografías de la abuela bebiendo y saludando, de los invitados disfrutando, hasta que encontré unas fotos llamativas. Evie.

Distraida y… hermosa, en ese suave vestido corto que le resaltaba la ahora curveante figura. Brillaba como una diosa con esa luz tenue ambarina.

Mi madre era una fotografa profesional.

—Oh, debo traer algo, esperame ¿quieres? —salió de su despacho.

Había varias fotos de Evie, incluso una en donde sonreía.

¿Será que mamá se de cuenta si desaparecen unas cuantas fotos? Tomé ambas fotografías y las guardé bajo mi sudadera.

—¡Aquí está!, pensé que lo había dejado, mi rollo…

—Ah… debo ir a… eso.

Era raro que alguien entrara a mi habitación, guarde aquellas fotografías como un tesoro. No era malo que tuviese fotos en mi habitación.

Descubrí entonces que Evie pasaba tiempo con sus amigas, la seguía de vez en cuando, no había que preocuparme, no eran chicas malas…

A mi alrededor, observaba a las otras chicas, las amigas de Cloe, solían hablar mal de otras chicas, cambiaban de novios cada vez que podían, hacían escándalos y discutían con sus padres.

Evie nunca había hecho tales cosas.

Fue un día, en el que ambos nos encontramos en la casa, ofrecí ver una serie. Compramos golosinas y papas fritas, sodas y adecuamos el ambiente. Mientras estaba distraída, la observe; se había recogido el cabello ensus abituales gruesas trenzas.

¿Por qué nunca lo llevaba suelto?

Se veía hermosa ese día.

Uno de sus mechones había sobre salido, era largo a pesar de estar muy rizado. Sin pensarlo mucho tomé unas tijeras y lo corté.

Ella no se inmutó, tampoco se dio cuenta de nada, guardé aquel mecho debajo de mis sabanas.

—Mika—comenzó de la nada.

—¿Si? —estaba comiendo papas fritas mientras el próximo capítulo comenzaba.

—Debo… debo decirte algo—dijo algo tímida.

Tragué en seco, será a caso ¿alguna cosa de chicas?, no, Evie nunca ha dicho algo similar… Pero… soy mayor que ella y si… ¿y si quiere saber sobre chicos?

Una punzada en el pecho me cruzo ¿le gusta un chico?

Los nervios se apoderaron de mi y le arrojé la almohada.

—Dime que és, déjate de tonterías Evs—ella también tomó una almohada y comenzó a regresarme los golpes. Pronto las plumas explotaron—¡Dimelo, dimelo!

Los nervios comenzaban a apoderarse de mi, ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer si me pide un concejo para algún chico?, ella no puede, no puede es demasiado pequeña…

—¡Me gustas! —gritó por sobre el sofoco de nuestras risas.

Sus palabras me atenazaron como un frio chorro de agua. Las plumas caían como un velo, sus enormes ojos verdes expectantes ante la sinceridad de sus palabras.

—¿Qué? —la voz estaba atascada en mi garganta

—Tu me… gustas—repitió convencida de sus palabras.

Tanl vez esta confundida, está jugando, es seguro que habla de otro chico.

—¿Bromeas?

—No— susurró angustiada.

Se que nunca hubo secretos entre los dos, pero… yo podía solo apresiarla, atesorarla, pero ella a mi…

—Yo…

No pude hablar, no podía hacerlo, no con esa mirada angustiosa pero llena de anhelo, inocente.

No podía corresponder a nada por que me moría de la vergüenza, ocultando sus fotos, cortando su cabello como un coleccionista.

No, como un pervertido y pensando en ella de esa manera, ella con quien crecí, a quien veo como una hermana.

No puedo.

“Tu me gustas”

Esa palabra se repetía una y otra vez en mi cabeza.

No, yo no le puedo gustar.

Los días pasaron, intenté a toda costa no verla, no podía con mi vergüenza, sabía que al llegar a casa ella siempre estaba ahí, pero no podía solo pasearme como si nada hubiese sucedido.

A una semana del baile anual, decidí ir con Cloe, era lo mejor para despejarme la mente.

Una y otra vez me dije que era lo mejor que podía hacer, quizá en el verano, podía ir de nuevo al campamento. Pero sabía que también debía hablar con Evie y despejar toda duda.

—¿Ya la vieron?

—Sh, es ella.

—¿De quien hablan? —le dije a uno de mis amigos, me encontraba de espaldas sirviéndome un poco de soda.  

—De esa chica—dijo, pero no giré—, Nancy la escuchó a ella y a sus amigas hablar sobre declarar su loco amor por ti— se burló.

—Mirenla, es ella—Cloe a mi lado se colgaba—. Pobrecita, creía que te tenía una oportunidad con Mikael.

Entonces me volví.

Evangeline se abría paso entre la muchedumbre chismosa, tenía puesto un ondulante vestido turquesa y le adornaba el cabello, suelto, unas orquillas en flor.

Avanzaba con un andar titubeante.

Para mi, todo se volvió silencio en ese momento, no hubo nadie más alrededor que ella.

Su mirada inquieta se giró hacia los lados y luego posó los ojos en mi. Los latidos de mi corazón se aceleraron y las piernas me flaquearon.

Creo que… Evangeline, me gusta.

Ella frunció el ceño preocupada, de nuevo esa angustia. De pronto, se fue, sus amigas se la llevaron.

En cuanto ella desapareció de mi vista, el ruido de nuevo me inundó, risas de burlas.

—No te preocupes, Miky, ella no es nada para ti.

Un hervor que comenzó desde las profundidades de mi estómago y esparciéndose por todo mi cuerpo. Exploté.

—Quitate.

—¿Qué?

—Lo que oiste—me enfrente—, terminamos y vayánse a la m****a todos.

—Oye, relájate, hermano.

—No me llames hermano, renuncio al equipo.

Pude haber evitado todo esto, desde el principio, todo fue culpa mía.

—¿Es por esa chica?, hermano no me digas que te gusta.

¡Si!, quería gritarle, pero estaba molesto, molesto conmigo.

Di media vuelta.

—Oye, no me ignores.

De pronto uno de los chicos se avalanzó sobre mi, golpeándome en la megilla, devolví los golpes, mientras otro intentaba sujetarme y separarnos 

Dos me sometieron y otro soltó una fuerte patada.

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Desperté un día después, lo primero que vi, fue la habitación de un hospital y mi madre dormitando.

La garganta me dolía.

—¡Mikael!, despertaste… no te muevas llamaré al doctor.

—Mamá… ¿Dónde está Evs?

—Tranquilo, hijo ella está bien.

—Ah—me quejé, el movimiento me mareaba—, tengo que… debo hablar con ella, disculparme… debo decirle que…

Ella me tomó del brazo.

—Lo harás, pero primero debes estar bien ¿si? —asentí.

Una fuerte contusión.

Por suerte había muchos testigos que vieron a los chicos que me habían golpeado, mis padres, por supuesto, presentaron cargos.

Fui dado de alta el lunes por la mañana, debía descansar un poco.

En cuanto entré a la casa busqué a Evie.

Le pregunté al cocinero, al jardinero, a una de las mucamas, ninguno sabía donde estaba. Tampoco la señora Sugar había llegado.

—Mamá ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está la señora Sugar y Evie?

Mamá estaba en su despacho, se limpió una pequeña lágrita y tomó aire.

—La señora Sugar solicitó descansar el día de hoy, vendrá mañana, no te preocupes—me extendió la mano, la tomé titubeante. Hace eso cuando hay algo más—. Evangeline… temo que ya no vendrá aquí.

Me estremecí.

—E… es mi culpa, es mi culpa mamá, debí protegerla, debí estar con ella, debi decirle que… ¡No, debo ir a su casa! Sí, le pediré perdón, haré todo lo que quiera, comeré tierra si es lo que quiere y le diré que… me gusta—los ojos de mi madre se cerraron por un momento al escuchar mis titubeantes y torpes palabras.

Me tomó de las manos.

—Hijo… ella no va a volver, se fue a París con su padre.

Un golpe, como si el aire no hubiese llegado a mis pulmones.

—Ella… ¿Qué?

—Mi amor, sus padres se divorciaron, el señor Sugar Decidió regresar a su país natal y se llevó a Evie con él.

Sacudí la cabeza.

—No, mamá, po… podemos ir al aero puerto, Evie se puede quedar aquí en la casa, puedo darle mi habitación… yo… dormiré en el atico—la voz se me quebró—. Mamá… no quiero que se vaya… yo… yo… la amo.

Mi madre me abrazó fuerte mente.

—Lo se, bebé, lo se. 

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NOTA DEL AUTOR:

Comenzamos con los POV de Mikael. 

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