Mundo ficciónIniciar sesiónMIKAEL
Porto-Novo, África, ocho años después.
Escuadrón Mavros
—Ya tengo el rastro—me comunicó Rydell.
—Está en posición—contesté, observando por la mirilla del fusil a nuestro objetivo. El tipo miró hacia los lados antes de continuar caminando—. M se mueve, Devan, está en tu flanco.
—Entendido.
La misión era simple, derribar al cartel de aquí que comenzaba a apoderarse de varias regiones, para después regresar a la unidad. Pero estaba demorando demasiado. Después de esto solo era cuestión de minutos para que el avispero se alborotara.
Solo minutos, estábamos trabajando a contra reloj.
—Prepárense— ordené.
—Objetivo en espera—apuntó Santos—¿Qué hago jefe?, hay cuatro más con él
—Panda, cubre el flanco de Santos—ordené—, tigre espéralos atrás.
—Jefe ¿por qué yo tengo que ser el maldito panda? —se quejó Ryuji.
—Objetivo localizado, hay dos más con M—avisó Rydell.
—Devan y Adelio, encárguense—ignoré a Ryuji.
—Localizado.
—Panda, tigre y yo en posición—anunció Santos.
Bien, era hora de show.
Tomé una calada de aire, coloqué el cronómetro.
—Listos en tres—el tipo estaba en posición—, dos—justo, solo debía girar—¡Ahora! —disparé. Los otros dos disparos se escucharon en el eco de la muchedumbre. Mi objetivo quedó recargado en la pared como si se hubiese tirado de borracho, mientras sus guardias corrían a verlo.
—Objetivo eliminado—confirmó Devan.
—Objetivo eliminado—conformó Adelio.
Guardé todo.
—Santos, respuesta.
—Objetivos eliminados, jefe.
—¡No es justo, ese era mío! —replicó tigre.
—Saquen sus traseros de ahí—ordené —. Es su turno Ridell y Harld.
—Hey jefe—llamó Harld. Me dirigí al elevador para encontrarme con el resto—¿Cómo es la vista allá arriba?
Me volví un poco hacia la vista de la ciudad.
—Dame un incentivo.
A la lejanía el estallido de un edificio hizo que la tierra retumbara, gritos de impresión de la muchedumbre capturó su atención.
Bien hecho.
—Treinta segundos para desaparecer.
Bajé de inmediato, mientras observaba mi reloj, el elevador se abrió, justo a tiempo para que Devan y Adelio se presentaran en el auto.
—¿Busca un aventón?
Arrojé mis cosas y subí enseguida.
—Muevan el culo, debemos llegar a Mokhotlong—arrancaron.
Nos camuflajeamos entre el resto, como turistas, mientras esquivábamos el camino. Los policías y bomberos del lugar se dirigían hacia la zona destruida, mientras que varias camionetas también se replegaban tras ellos.
—Son ellos—dijo Devan llevándose una mano a la pistola.
—No, vas a delatarnos, sigue.
Cruzamos a su lado.
—¡Hey, hey!
—¡Mierda! —gritó Devan—, nos vieron, nos vieron.
—Adelio—le ordené.
Él ya sabía qué hacer.
—Enseguida.
Tomó de su cinturón una bomba de humo.
—Apuntaré a los neumáticos.
—Listo jefe—asintió. Abrí la ventana, mientras la lluvia de balas comenzaba, me replegué, disparé hacia los neumáticos delanteros, a la par que Adelio lanzaba la bomba hacia el parabrisas, el auto giró con brusquedad estrellándose contra unas casas.
—Sácanos de aquí, ahora—ordené.
Devan aceleró aún más
Pisó el acelerador y nos perdimos entre las calles.
—Jefe—llamó Ridell desde el comunicador—, hay algo que debería ver.
—Es un mal momento, debemos desaparecer de aquí—repliqué—. Da la vuelta en la siguiente, debemos cambiar de auto.
—Jefe, debe venir a Tokpa.
—¿Qué hay?
—Es una m****a grande, esto lo debe saber Daltoni— Insistió Ridell.
¿Qué es tan importante para que Daltoni lo supiera?
—Ya oyeron, nos dirigiremos primero a Tokpa, el resto regresé a la unidad.
—Sí, señor.
—Devan…
—A la orden.
Nuestra misión era ejecutar al líder del cartel de Guinea, habíamos perseguido por semanas a estos tipos, pero al fin pudimos deshacernos de ellos. Era una misión que debía ser ejecutada enseguida, pero cada vez encontrábamos más inconvenientes.
No éramos unos novatos y esta situación me hacía sentir como uno.
Cuando llegamos al punto donde se encontraba Ridell y Harld, fue en un puerto pequeño cercano a Tokpa.
—Entonces ¿Qué es?
—Ah, sabíamos que esto no terminaría bien —dijo Ridell, dirigiéndonos a dos contenedores de buque, habían estado encallados y sabíamos que el cartel de Guinea lo tenía bajo su custodia, pero ¿Por qué había sido abandonado así? —. Encontramos este cargamento, tiene órdenes de dirigirse a Lisboa—con sus manazas golpeó la manija, esta dio un chasquido destrabándose y crujió al abrirse—. Una tonelada de polvo de ángel puro.
El problema no era el cargamento en sí, sino, desde dónde provenía.
—Ahg, malditos—exclamó Devian tras de mí y escupió el suelo.
—¿Qué hay en el otro contenedor? —señalé.
—Créeme, no querrá verlo—Ridell señaló a Harld—, sigue vomitando el bastardo.
Pero sin más, abrió la puerta del otro contenedor con un empujón aún más fuerte. Pese a que se escuchaba un ligero zumbido, creí que se trataba de otra cosa. Un vaho salió de ese contenedor, un olor nauseabundo se filtró al exterior. El resto nos cubrimos enseguida la nariz, pues aquel olor escocia mis fozas nazales, putrefacto. Aquella imagen se había encajado en mi memoria.
—Dios—exclamó Adelió.
—Oh, no—exclamó Devian con un quejido agudo.
Los vellos de mi cuerpo se erizaron, mi sangre se quedó congelada, aquella imagen terrorífica era extraída desde la más fuerte aberración humana.
Decenas de cuerpos colgaban en ganchos como reses, incluso partes de diferentes dimensiones. Los intestinos y las vísceras se salían, derramándose de los cuerpos pequeños, el suelo, ahora oscuro por toda la sangre congelada de ese gigantesco congelador.
Ridell cerró el contenido.
—¡Carajo! —Devian corrió hacia un lado para vomitar.
—Llamaré a Daltoni.
Nuestro jefe de operaciones de la CIA, Ros Daltoni, tenía contemplado de derrocar al cartel más como un favor, pero esto, cambiaba el rumbo de la misión.
No solo se trataba de tráfico de drogas, sino también de personas, había ciertos códigos y lineamientos que debíamos seguir.
Llamé a Daltoni, quien enseguida envió a un equipo de investigación y fuimos enviados a descansar.
—Jefe, tengo un presentimiento—decía Harld.
—¿Ya vas a empezar con eso? Te dije que guardaras tus pensamientos para ti.
—Ya sé, jefe—luego susurró—, pero no se le hace eso extraño.
—¿De qué hablas?
—Lo he estado pensando, pero, debimos haber terminado esa misión en tres días, nos llevó dos semanas, todos los inconvenientes que tuvimos y luego encontrar esos dos contenedores abandonados… ¿no es demasiado obvio?
—Yo también lo creo —Adelio se había acercado a nosotros—Era como si todo lo hubiesen dejado tan fácil.
De alguna manera lo presentía, pero después de lo que había sucedido en Tokpa no sucedió nada extraño, pero habíamos recibido la paga y todo estaba completado.
Daltoni tampoco había comentado nada.
Mientras mi equipo y yo nos quedábamos en la unidad de la CIA esperando otra orden de Daltoni, pasó un mes para que volviese a comunicarse.
Nos reuniríamos con él en Lesoto para proteger al príncipe Hakim III.
Daltoni tenía un alto poderío e influencia en todo el mundo, codeándose con grandes potencias, si había un escombro que quitar sin dejar rastro, nosotros éramos llamados.
La misión ahora era ocuparnos de la protección del príncipe Hakim de las represalias del cartel enemigo.
Su padre, el rey Simbarashe, había estado al mando supremo de la Fuerza de Defensa africana hasta el día de su muerte.
Tras su muerte, solo bastaba que Hakim tomara el trono para obtener el poder y cargo de las fuerzas de defensa.
Una de las piezas había encajado, pues ahora que nos habíamos destrozado uno de los pilares de la mafia africana, el cartel de Guinea y así Hakim podía subir al mando sin ser retado por ello.
No era la primera vez que participábamos en juegos de colapsar gobiernos, sin embargo, había algo diferente en esto.
Quizá era la poca información brindada o que ambas misiones se conectaban. Era de esperar que Hakim hubiese solicitado ese tipo de ayuda, quería estar bien con las políticas requeridas, pero ¿Qué más podría obtener Daltoni de todo esto? ¿Solo el favor de Hakim?
Y justo hoy, se cumpliría esa fecha, la coronación de Hakim.
—Todo despejado—anunciaba Harld desde las sombras de la cúpula.
Una centena de soldados custodiando el palacio, agregando los guardas imperiales y los innumerables agentes ocultos.
—Entendido.
Me encontraba en la coronación de Hakim, en el centro del palacio.
Hacia un calor del infierno, una de las fiestas más opulentas a las que he asistido y también la más riesgosa. Como entretenimiento se encuentran leones, elefantes, inclusive cebras.
Había personas demasiado importantes del mundo, así como el embajador de Inglaterra y el de estados unidos, los representantes de Japón y España. Empresarios, modelos y actrices
Debía memorizar los rostros y los nombres de todos lo que asistían a la ceremonia, hasta ahora todo marchaba bien. La ceremonia se llevó a cabo sin precedentes.
El ahora rey se acercó a mí.
—Majestad—me incliné.
Hacía un calor del infierno y él portaba encima una capa hecha de piel de león. Gruesos collares de oro y cuentas con huesos y colmillos de animales. Su corona lo cubría como un digno gobernante de África. No había intercambiado palabras antes. Debía confesar que había algo de tensión.
—Usted es el jefe de seguridad ¿no es cierto? —me señaló— Antes no pudimos presentarnos.
—Es un honor conocerlo majestad—volví a hacer una corta reverencia.
Hakim levantaba el cuello con cierta gracia.
—Recibo su cortesía, señor…
—Baldwin.
—Señor Baldwin, agradezco enormemente su ayuda ahí afuera, pero, hoy no es necesario tomarse todo tan serio—llamó a un camarero—. Le aconsejo que se relaje un poco—me tendió una copa—, está poniendo nerviosos a mis invitados.
No quería llevarle la contraría, si ser grosero, pues no sabía como se lo tomaría, pero me mantuve firme.
—Lo intentaré majestad—pareció satisfecho a pesar de rechazarle la copa.
Luego se acercaron dos ministros, el de Alemania y Corea, el rey comenzó a hablar sobre algo de su nuevo papel en el país, pero no le presté atención, mis ojos se enfocaron en el extraño mesero.
Se limpió el sudor de las manos en su pantalón, miraba hacia otros lados, ansioso.
Mi cerebro trabajó rápidamente para traer la información de aquel mesero. Un joven de diecisiete años, casi un niño.
No lo recuerdo, no está.
Se llevó las manos a su chaleco.
Extendí un brazo rápidamente hacia el rey para empujarlo tras de mí, el niño al momento se abrió el chaleco del uniforme. Cubrí rápidamente al rey y ese niño estalló sin pensarlo.
.
.
.
Un año después, Lisboa, Portugal.
—Coronel, por favor, debe continuar con sus terapias—insistía el fisio.
Me calcé las deportivas.
—Ya estoy mejor, ha pasado un puto año, no tengo que usar ni una m****a de bastón.
—Pero coronel…
—Si vuelves a poner ese maldito bastón frente a mí, te juro que lo tomaré y lo meteré por tu culo como una brocheta ¿entendiste?
—Debes dejar de molestar al doctor—Daltoni estaba recargado en el umbral de la sala de entrenamientos.
Chasquee la lengua.
Daltoni le hizo señas al fisio para que se fuera, este dejó el bastón a un lado y salió corriendo.
Había pasado por meses de rehabilitación.
El día de la coronación, el rey solo terminó con algunos raspones, pero no pude contar con la misma suerte; pedazos de metralla habían atravesado mi pierna cortando un poco mis ligamentos, si hubiesen profundizado más, quizá ya no tuviese pierna. Mi equipo había sido trasladado a otra unidad por el momento.
—Debes darle un crédito, ese bastón está hecho a tu medida.
—Cállate, puedo caminar bastante bien sin eso.
—Por dios, Mikael, ha pasado un año ¿aún seguirás refunfuñando? Incluso tienes la bendición del rey Hakim por haberle salvado la vida.
Lo fulminé con la mirada.
—Por si no lo recuerdas, casi quedo paralítico por ello. Su bendición puede metérsela por el culo.
—Bien, tú ganas—arrojó una carpeta a mis pies.
—¿Qué m****a?
—Son las localizaciones de algunos miembros del cartel de Guinea, algunos han hecho convenios con los Marroquíes.
—Portugal—susurré.
—Así es, de donde procedían aquellos contenedores, solo necesito la cabeza del líder. Hemos rastreado el lugar a donde se dirigía el cargamento de Porto-Novo, pudimos detener a algunos traficantes menores en Lisboa, pero, creemos que fueron solo simples señuelos. Parece que la mafia marroquí está tras todo, encontramos a Idris Mahmoud.
Fruncí el ceño.
—El soberano marroquí, lo conozco—buscado por la Interpol, ONU, y fichado por la CIA.
—Lo único que necesito es rastrear sus pasos y salir vivos de ahí. Idris cuenta con decenas de mercenarios, muchos de ellos buscados por la Interpol, no podemos cruzar los límites de nuestra jurisdicción, además la ONU estará también investigando el caso. Rastrearán, encontrarán su centro operativo e informarán, es todo, ¿Entendido Baldwin?
Apreté los dientes.
—Sí, señor.
—Tu equipo estará en el primer anexo a primera hora y saldrán el miércoles a las cero trescientas, así que prepárate—antes de irse se volvió hacia mí—¿Estás seguro de terminar la misión? —preguntó con un asqueroso tono preocupante.
—Debo terminar con lo que comencé.
Once horas después estaría arrepintiéndome de tal decisión.
¿Cómo es que todo llegó a irse a la m****a?
En el suelo, frente a mí Harld caía inerte bajo una lluvia de detonaciones, apenas pude regresar con su cuerpo.
Veinticuatro horas después, fui despedido y enviado a casa.







