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Nueva Orleans
La espalda me estaba matando cuando desperté.
La sabana resbaló por mi pecho.
—Hay carajo—mascullé.
No era mi habitación, ni ninguna conocida, era una amplia cama, sí, pero no había nadie a mi lado.
Justo en ese momento, me sobresaltó el sonido de la ducha.
Los recuerdos comenzaron a fluir.
¡Lo hice con el stripper!
Me levanté de golpe de la cama, un dolor me atenazó la cintura. Me encogí un poco, pero era mi momento de salir corriendo.
Tomé mi vestido aún húmedo, mis zapatillas y arranqué las alas del suelo. Salí corriendo de ese lugar antes de que el hombre saliera.
—¡Mierda! —divisé la avenida fui por un taxi, esperando y pudiera recogerme.
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—Eve—Cherrel chasqueó los dedos frente a mí.
—¿Hum? —salí de mi ensoñación.
—¿Ahora qué pasa? Has estado rara desde el ayer—Negué con la cabeza—. Toma, bebe tu vasito de agua mañanero.
La resaca moral era lo que estaba matándome.
—Es solo que… me siento…
Ella me miró entrecerrando los ojos, mascaba un chicle.
—¿Cómo la m****a? —apuntó—, ah, sí, lo he sentido también—se encogió de hombros.
Resoplé.
—No me ayudas en nada.
Reventó una bomba.
—Escucha te diré algo—mascó un par de veces—, lo que tú hiciste con el stripper ese, es poco a comparación de lo que Karter ha hecho contigo—me apuñaló—. Admítelo, en el fondo, lo disfrutaste.
—Sí, lo hice—admití—. Pero no me siento bien por ello… Karter… ¿Qué pasará si se entera de ello?
Cherrel resopló con fuerza.
—Cheri—(cariño) —, ambas sabemos lo que pasará, él se enojará, gritará y te hará sentir como la m****a, ¡como siempre que te hace lo mismo!, tú te aferrarás como siempre y al final estarán juntos para el fin de semana cogiéndote como lo ha estado haciendo todo este año—me miró entrecerrando los ojos, me quedé boquiabierta, luego suavizó sus facciones—. Bebé, escúchame, no quiero ser dura contigo, pero como tu amiga… sabes que debo decírtelo—suspiró—. Karter ha hecho contigo lo que ha querido. Te ha engañado, te ha dejado botada, siempre intenta hacerlo parecer que todo es tu culpa. Me duele verte lastimada todo el tiempo, pero lamentablemente es algo que a ti y a él les gusta—reventó otra burbuja—¿Qué más da si te metiste con ese chico?, no lo volverás a ver, así que olvida y deja de sentirte así.
No dije nada, protestar en este momento no era bueno, no quería seguir arruinando mi día.
—Lo sé—resoplé—yo… él y yo…
—Si me dirás que estás enamorada de él, ahórratelo—Cherrel se volvió para acomodar unas macetas—. Solo haz lo que quieras, ya iré a recogerte cuando estés dándote golpes de pecho.
—Cherrel yo…— luego miré la hora—, creo que debemos hablar luego, no disfrutaré una hora menos de sueldo—arrebaté el ramo de lirios naranja—, ¡Adiós!
—¡Sugar, págame eso!
Salí corriendo de la tienda de mi amiga, para meterme a la de a lado, mi tienda.
Hace un año Cherrel y yo tuvimos la grandiosa idea de abrir una tienda juntas casi al mismo tiempo, de vecinas nos hicimos amigas. Ella le apasiona la jardinería, combinar flores y café ha sido nuestra mejor idea.
Mi pequeña ayudante ya estaba limpiando las vitrinas.
—Qué lindas—me quitó los lirios—¿Puedo quedármelos? —hizo ojos de cachorro.
René, mi empleada, se unió a mí hace ocho meses, es muy diligente, pese a que es un trabajo de medio tiempo, aún asiste a la universidad, sus horarios le quedan perfecto, aunque a veces me preocupa que se presione con sus tareas.
—Bien, pero… ¿después del trabajo?
—Sí—fue entusiasta—, prepararé un florero.
Cuando René regresó de la cocina con diferentes floreros para ponerlos por todo el lugar, sentí de pronto un nudo en las entrañas.
Karter suele regalarme lirios.
Sentía la respiración entrecortada.
Dios santo, ¿qué hice?
A veces la dualidad de mi vida me lleva a un punto de estrés y cansancio.
Lo que hice la noche del miércoles me hace sentir culpable, no solo porque hubiese hecho algo mal y que esperaba que nadie me hubiese visto. Si no que… le he sido infiel a Karter.
Nuestra relación…
Ha pasado solo un año desde que nos volvimos novios. Él es el asesor de campaña del partido P.R, aunque nunca me he sumergido a los detalles de su trabajo como él tampoco en el mío, sé que es importante.
La historia de nosotros no es como la había imaginado, desde que nos conocemos ha existido entre los dos una especie de costumbre. Desde el primer momento nos sentimos tan cómodos que estar juntos fue tan… natural.
Me acomodé a sus hábitos y él a los míos, dividíamos nuestro tiempo, y sé que la mayor pasión de él es el trabajo. Lo entiendo, también pongo mi trabajo primero, sé lo mucho que cuesta mantenerlo, así que nunca le he reprochado nada. Cuando está conmigo solemos jugar a los rompecabezas, escuchar pódcast de política o ver el béisbol los domingos.
Sacudí la cabeza.
—Concéntrate, debemos trabajar—me dije.
Bloqueé todo pensamiento por el momento y me concentré en los pedidos.
Nuestras tiendas se localizaban en el área empresarial, los zombis adictos al café y los desayunos rápidos siempre son el pan de cada día. De vez en cuando solíamos tener pedidos de cajas de desayunos para algunas empresas o compañías.
Para ello se encargaba el lindo Theodore, que comenzaba su día exactamente…
La campanilla de la puerta sonó.
Un fuerte suspiro resonó.
—¡Ah, que lindo y maravilloso día! —cantó— ¿No es cierto?, el olor a café recién tostado es el mejor de todos.
Sí, ha llegado.
—Muy buen día a ti también Je t'adore.
Ya que su nombre y “Te adoro” sonaban casi igual, decidí ponerle ese apodo.
Se acercó danzarín hacia mí.
—Jefa preciosa—le arrebató a René uno de los lirios y le cortó el tallo.
—¡Oye! —replicó René trayendo las cajas de desayunos.
—Una flor para la mejor mujer que he conocido—sus palabras sinceras me estrujaron el corazón, me colocó la flor entre la pañoleta y mi cabello.
—Oh, gracias—le pellizqué la regordeta mejilla—, eres el mejor repartidor que he tenido.
—Jefa, mi corazón es completamente suyo, estoy a sus órdenes—hizo una ridícula reverencia.
René chasqueó la boca tras de mí.
—Hablador lamebotas—gruñó ella.
—Oh, aquí estás—fingió indiferencia. Se volvió hacia ella con mofa—, Renecita, ten un buen día.
—Ahórrate las palabras conmigo—le empujó la bolsa con los pedidos—. Estos son para la compañía Heleades y estos para el Spa de Muamua.
—Perfecto, tu siempre tan diligente—le dio unas palmaditas en la cabeza— Renecita.
Ella le manoteó.
—Agh, a veces quisiera coserte esa tonta sonrisa tuya.
—Tranquila, tranquila—enseguida tomó su mochila y empaquetó los pedidos—, seguramente si corro no me alcanzarás—se burló él. René enrojeció—. Ya sabes, con eso de que eres—siguió provocándola—, ah, ¿Cómo lo dijiste? —chasqueó los dedos, René cruzó los brazos molesta— ¡Ah, sí! La liebre y yo la tortuga ¿no?
—Me las pagarás pedazo de…
Intervine, estos dos se mataría en cualquier día.
—¡Ya, ya, niños, no se peleen!
—Él empezó—respingó ella y se fue a meter a la cocina.
Theo se miraba las uñas con una sonrisa socarrona por el triunfo de su batalla.
—Theo, ella tiene razón ¿hasta cuando seguirás con eso?
Theo cambió su semblante arrogante por el de siempre, el pícaro y risueño.
—Jefa, lo hago con el simple hecho de impulsar su carrera ciclista—se colgó las maletas—. Yo siempre quise que alguien hiciera lo mismo conmigo, por eso intento impulsar a todos los que pueda.
Theo es corredor profesional, pero hace un par de años se accidentó, desde entonces no ha podido volver a correr como antes. Luego conoció a René aquí en el trabajo y supo que ella también quería incursionarse en la carrera.
Hace un par de meses se enteraron de que había una carrera, y se ha autonombrado el entrenador de René, por eso la ha molestado tanto.
Ambos están entrenando para participar en la próxima carrera de bicicletas el próximo mes.
Le di unas palmaditas en el hombro.
—Quizá deberías cambiar de método… es solo para que no haya malentendidos.
Puso los labios como un pez, en ese puchero exagerado. A pesar de su apariencia Theo es solo un niño grande.
—Está bien.
Le di un capuchino y un bísquet para el camino, luego se fue.
Atendí a un par de clientes mientras seguía preparándome para recibir a los oficinistas cuando me estremecí al recibir una notificación.
“chocolate, <3” me escribió
—“Quiero verte, ¿cenamos esta noche?”
Había un cosquilleo en cuanto leí una y otra vez el mensaje.
Una emoción creciente, la culpa se fue al caño.
—“Te veo en la noche”
¿Qué prepararé para la cena?
Debo pasar al supermercado, limpiar un poco…
Ahí estaba yo, bloqueando los gritos insistentes de mi razón, siguiendo como una tonta todo porque… amo a Karter.
Esa noche… preparé la cena, su favorito, pasta con gachas, nuestro vino favorito y una tabla de quesos. Me vestí con mi nuevo babydoll color cereza.
Podía pasar por alto la discusión que tuvimos… no, ¿de que iba? Ya no lo recuerdo.
Entonces… pasó media hora.
Una hora, la comida estaba fría.
Dos horas, las velas estaban consumiendo.
Tres horas, el hielo se había derretido.
Llamé innumerables veces.
No había contestación.
Cuatro horas, recogí la mesa.
Cinco horas, estaba en la cama, mirando hacia la nada.
Seis horas, siete horas, ocho horas…
Él nunca llegó.
Tampoco llamó.
¿Le habrá sucedido algo? Pensé.
Pero en sus redes aparecía como activo, ¿De verdad esto está pasando de nuevo?
Quizá tuvo mucho trabajo, quizá de nuevo no puede venir, los reporteros deben estarlo siguiendo.
No tenemos mucha libertad en nuestra relación, todo lo que queremos debe pasar tras puerta cerrada.
Comprendo, es una figura pública, es difícil para él estar conmigo… ¿Se habrá enterado de lo que hice en el club? ¿Algún reportero me reconoció?
Pero… hemos sido muy cuidadosos.
No, ya no quiero pensar más.
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Ese día pasó largo, intenté poner buena cara a los clientes, haciendo mi día como siempre.
Mi rutina al llegar a casa, salvo que fue diferente al despertar.
Era sábado, habría la cafetería un poco más tarde de lo habitual.
Esa mañana escuché un poco de ruido en la cocina, salté de la cama y tomé lo primero que encontré, mi secadora.
Me escabullí hacia la cocina con el corazón agitado, hasta que divisé la silueta de Karter.
La garganta la tenía reseca… después de todo… él está aquí.
Estaba haciendo el desayuno, silbando alegre.
Dejé la secadora en la mesa y corrí para abrazarlo por la espalda.
—¡Mi amor! —me tomó de los brazos y me giró frente a él—, no quería despertarte.
Sentí que mis ojos se aguaron y enredé mis brazos en su cuello.
—Te extrañé—susurré.
—Mi princesa—me meció en sus brazos—, perdóname por llegar tarde.
—No importa—el corazón me latía fuerte—, estás aquí.
Soltó una risilla queda.
Amo cuando me cocina y yo puedo mirarlo todo el tiempo, mientras platica de su programa favorito.
Amo que me dé una ducha, que le lave el cabello mientras me recuesto en su pecho.
Amo su compañía cuando miramos las noticias y ponemos diez piezas del último rompecabezas antes de irnos a trabajar.
Amo que me bese con pasión antes de salir de casa.
Casa.
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FELIZ AÑO NUEVO QUERIDAS ROSITAS.
Se que me he alejado un poco de la escritura, es más por cuestión de trabajo.
Pero hace mucho tiempo que he querido darle rienda suelta a esta nueva historia que ahora les comparto, espero, como siempre, que les guste.
Drama, acción y pasión, la trifecta perfecta que siempre me encanta.
A reir, llorar y disfrutar que para eso bajamos a virvir (insertese grito de mariachi)
No se les olvide comentar, comenten mucho, me encanta saber lo que piensan de mis historias, yo leo todos sus comentarios y también suscribirse para que les pueda llegar notificación de cuando se actualiza la historia.
Besitos mis bell@s, que la fortuna y el tequila nunca les falte.







