CAPÍTULO 2 TIAM

EVANGELINE

Lousiana, 10 años después

—¿Tienes el pasaporte?

—Sí.

—¿El ticket?

—Sí, papá.

—¿La medicina para el mareo? ¿Cólicos? ¿Resfriado?

—Estaré bien—aferré el brazo de mi padre—, mamá y yo estaremos bien.

Él soltó un suspiro.

—De acuerdo, pero, no olvides llamarme, y mantenme al tanto de las cosas en la tienda, si necesitas algo más…

Me colgué de su cuello.

—Sí, lo haré, te llamaré.

Me envolvió en un fuerte abrazo.

—Ya te extraño, pequeña.

Luego de un apretón, nos separamos despacio.

—Oye, siempre puedes venir en vacaciones.

Soltó una risilla.

—Lo intentaré, sabes cómo son las cosas aquí—me dio un beso en la frente, ambos escuchamos el llamado de mi vuelo—. Es hora.

Me aferraba la mano.

—No olvides que no debes comer tantos embutidos—le recordé—, y da ese paso con Pía, le gustas mucho—él se echó a reír.

—Anda, te veré luego.

Le eché una última ojeada.

Aquí en París, papá tenía una pequeña tienda de repostería, no competía con las grandes franquicias, pero al menos teníamos gran clientela todo el año.

Hace quince años, él construyó su emprendimiento y en el proceso, me enseñó mucho. Me matriculé en una escuela especial, inclusive trabajé un tiempo en la casa de pastelería más antigua de París, La Sebastien Gaudard, tomé varios cursos con Pierre Hermé el más grande pastelero de todos los tiempos.

Después de trabajar en Gaudard, regresé a la boutique (así le llamaban) de papá y juntos la elevamos. Pero ahora que me he enterado de qué mamá está delicada de salud, he decidido regresar a Nueva Orleans, justo cuando quería superar mi separación con Leopold.

Papá me había visto bastante abatida las primeras semanas de mi separación, pero comenzó a cecrer en mi una idea brillante poco después.

 Hice un plan para poder abrir mi propia boutique pastelera, con mis ahorros, podía hacerlo. Papá había hecho bastante por mi, así que debía hacer sí o sí mi nueva vida.

No le dije a mamá el día que llegaría, quería que fuese sorpresa, así que cuando llegué a Nueva Orleans, me encontré un poco perdida. Esperé mi equipaje, con ayuda de un carrito, solo a mí se me ocurría traer demasiado, pesaba horrores.

—¿Necesitas ayuda? —un ángel me iluminó con su sonrisa. Un chico frente a mí, con la mirada un poco preocupada—Puedo llevarlo hacia la entrada.

Sé que mis padres siempre me recalcaron no hablar con extraños, pero, él no se ve nadie malo.

S'il te plaît—(Por favor), colocó su bolso sobre una de mis maletas y comenzó a empujar el carrito.

¿Touristique? —(¿Turista?).

—Oh, no, he… me quedaré—cuando se quedó a mi lado, apenas y le llegaba a la altura del mentón. Vestía casual, pero elegante; su piel oscura, barba bien recortada y su cabello, un mullet corto.

Ese aire amable, intelectual y calmado. ¿A caso este es un regalo de bienvenida? No, espera, debo ser más cuidadosa, así se llevan a todas las chicas.

—Oh, donde están mis modales—me extendió la mano—. Karter Vincent.

—Karter, que lindo nombre—me reí nerviosa. ¡Ah, qué tonta! —So… soy Eve—¿Está bien revelar mi nombre?

Se rio por lo bajo, quizá ya notó mi cautela.

—Gracias, pero eres más linda que nada—lo dijo tan normal que me hizo sonrojar.

Llegamos hasta la zona de taxis.

—Bueno…

—¡Eve!

Angie y Riri ya me esperaban con un letrerito con mi nombre y globos pequeños.

—Llámame si necesitas un guía turístico, lindura, espero volver a verte—él se alejó para tomar otro taxi, solo me le quedé viendo como una tonta. De repente se volvió—. Por cierto, bienvenida a Lousiana, cher—(cariño). 

Mis amigas se acercaron.

—¡Al fin! —nos enrollamos en un fuerte abrazo—Oye, ¿Quién ese ese papucho?

—No lo se, solo lo encontré aquí.

—Uf, amiga, estas que ardes.

Otro abracito eufosivo.

—Hay tantas cosas que debemos hacer—dijo entre sollozos Angie.

—Sh, tendremos mucho tiempo, además—señalé una maleta—traje muchas cositas lindas.

—Dior—coreamos las tres.

Me llevaron a la casa de mi madre, quedando para el día siguiente de vernos

Mamá estaba en casa, era su día de descanso, ambas lloramos por nuestro encuentro.

—No puedo creer que estes aquí—me dijo con ojos llorosos.

Esa tarde charlamos hasta el anochecer.

En su trabajo le habían dado días de descanso, los cuales los disfrutamos al máximo.

También la acompañé a sus chequeos en el hospital.

Mis amigas y yo nos pusimos al día un poco después.

Toda una semana para ir y venir. 

—Bien, ahora ¿Cuál es el plan? —preguntó Angie.

Siempre tuvimos comunicación aun después de marcharme, video llamadas y mensajes.

Angie había cambiado un poco, era más alta y curvilínea.

Antes su cabello al natural, ahora tintado de castaño claro y arreglado en decenas de trenzas.

—Quiero abrir mi Boutique, así que debo buscar un lugar.

—Eso déjamelo a mi—contestó Riri—, conozco a alguien.

Por otro lado Riri siempre tenía estilos tan radicales y llamativos, aunque siempre tenía este buen gusto en la moda. Hoy tenía puesto un conjunto de rosa y azul chicle, una enorme pinza de flor que le daba ese toque lindo a su apretado cabello en moño.

—¡Bien!

—Bueno, hay que celebrar bien tu llegada—Riri levantó el vaso de su bebida de menta, sus aretes titilaron ante su bailecito eufosivo.

—Llamaré a las chicas—bailoteó Angie.

Las chicas eran amigas de mis amigas, lo se, suena tedioso, pero no esperaba menos de ellas, siempre han sido tan extrovertidas.

Conocía a esas chicas en fotos y videos que a veces Angie y Riri me enviaban o subían a sus redes. Ellas a su vez hablaron mucho de mi para con sus amigas.

No me cerraba a conocer a las personas, de hecho, era lo mejor.

Cuando la semana terminó mamá regresó a su trabajo con la promesa de no excederse.

Me tomó un par de días acoplarme y descansar. Limpiaba la casa y preparaba la cena. Hasta que decidí echar a andar mi plan. Debía encontrar un buen lugar. Riri me había dado una lista de lugares que podrían interesarme.

Mientras arreglaba mis cosas encontré la tarjeta de Karter, la releí varias veces.

¿Lo llamaré? ¿Contestará?

Karter Vincent, asesor político.

Guo, entonces no era cualquier personaje.

Me paseé varios minutos nerviosa, hasta que decidí llamar.

Respira, Eve, respira.

Un sonido, dos sonidos, tres sonidos.

—Vincent, ¿Quién habla? —me estremeció escuchar su voz, profesional, firme y seria.

—Soy yo… Eve—hablé apresuradamente—, necesito un guía—, me mordí el labio, nerviosa.

Esperó unos segundos.

—¿La lindura parisina? —enrojecí.

—S… sí.

Soltó una risa.

—Seré tu guía turístico favorito, ¿quieres que pase por ti esta tarde?

Una llamarada de emoción me cruzó el cuerpo.

—¡Sí! —me aclaré la garganta—, sería grandioso.

—Entonces… pasaré por ti a las cinco.

—Te enviaré mi dirección.

Volvió a reírse.

—Te veo en la tarde, lindura.

Colgué, ¡Dios mío!, ¿Qué voy a ponerme?

Mi madre me ayudó a buscar un lindo vestido.

Nunca me imaginé que Karter me esperaría con un pequeño ramo de margaritas de bienvenida.

Sonrió radiante en cuanto me miró.

—Te ves encantadora—me dijo—. Creí que no me llamarías.

—¡No, no!, quería hacerlo tan pronto, pero… tuve que hacer unas cosas—fui apagando mi voz, en realidad me sentía tonta, Karter me ponía tan nerviosa.

Pero él continuaba muy relajado, me tendió las flores y su brazo.

—¿Lista para este tour especial?

Sonreí anchamente.

—Lista.

Cumplió su palabra, me dio un recorrido por las llamativas calles de Jakson square.

Quizá fue bastante apresurado, una semana, dos semanas, y de pronto ya no tuve que contar los días, lo mio con Karter simplemente fue hermoso.  

Todo había sido tan rápido

Comenzando un caótico descenso hacia la profundidad de la locura de una relación encadenada a la necesidad del uno por el otro.

Karter y yo, nos hicimos novios dos semanas después de habernos conocido. Mi vida aquí cambió demasiado, inicié mi propia boutique pastelera, hice amigas fenomenales, mi madre mejoró de salud y tenía un novio estupendo.

¿Qué más podría pedir en esta vida tan dichosa?

Quizá fui muy entusiasta.

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