EVANGELINELousiana, 10 años después—¿Tienes el pasaporte?—Sí.—¿El ticket?—Sí, papá.—¿La medicina para el mareo? ¿Cólicos? ¿Resfriado?—Estaré bien—aferré el brazo de mi padre—, mamá y yo estaremos bien.Él soltó un suspiro.—De acuerdo, pero, no olvides llamarme, y mantenme al tanto de las cosas en la tienda, si necesitas algo más…Me colgué de su cuello.—Sí, lo haré, te llamaré.Me envolvió en un fuerte abrazo.—Ya te extraño, pequeña.Luego de un apretón, nos separamos despacio.—Oye, siempre puedes venir en vacaciones.Soltó una risilla.—Lo intentaré, sabes cómo son las cosas aquí—me dio un beso en la frente, ambos escuchamos el llamado de mi vuelo—. Es hora.Me aferraba la mano.—No olvides que no debes comer tantos embutidos—le recordé—, y da ese paso con Pía, le gustas mucho—él se echó a reír.—Anda, te veré luego.Le eché una última ojeada.Aquí en París, papá tenía una pequeña tienda de repostería, no competía con las grandes franquicias, pero al menos teníamos gran cl
Leer más